Me hace un poco de ruido difundir un libro de Mario Firmenich, pero no puedo desatender el pedido de un compañero y amigo como lo es Mario Oyola. Por otra parte no puedo prejuzgar sin haberlo leído. Oyola es Profesor Universitario en Historia Económica y Social, Analista Económico y Financiero y Especialista en Administración Financiera Gubernamental y si lo recomienda habrá que leerlo. Todavía no hay lugar ni fecha de presentación en Córdoba pero es de suponer que la habrá, por lo pronto está en las librerías. A continuación su reseña.
A.H.
Por Mario Oyola
Un libro indispensable, escrito en primera persona para entender no solo los orígenes de Montoneros, sino el devenir de nuestra Argentina: “Porque nada nace de un repollo”
Recientemente apareció en las librerías de nuestro país el último libro escrito por Mario Eduardo Firmenich “Orígenes. Las raíces de nuestra militancia”, editado por el Grupo Editorial Penguin Random House, mediante el sello Sudamericana de su propiedad.
A lo largo de más de 600 páginas, Firmenich plantea una historiografía a partir del revisionismo histórico de matriz nacional y popular, que “abarca todo el arco de tiempo de las raíces de la organización político-militar montoneros, del movimiento nacional peronista, del radicalismo yrigoyenista, de los caudillos montoneros y el partido federal de Rosas y de la línea independentista de San Martín, Belgrano y Güemes”.
Desde el comienzo de la obra, Firmenich va identificar los orígenes de Montoneros dentro de la línea nacional y popular, en un cruce doctrinario entre el pensamiento social cristiano post-Vaticano II (Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo) y la doctrina nacional peronista, mostrando cómo la fe y la vocación de justicia social derivaron naturalmente en un compromiso político transformador.
El texto sitúa la lucha armada no como un hecho aislado ni caprichoso, en ese sentido dice que “Nada nace de un repollo”, sino como la respuesta legítima de las masas populares ante más de 18 años de proscripción del peronismo, proscripción que dinamitó cualquier vía democrática de expresión.
A lo largo de los 14 capítulos que componen el libro, hay un gran trabajo de revisionismo histórico, al mejor estilo de Rodolfo Puiggrós y de esa generación de grandes historiadores que confrontaron con la historia oficial Mitrista, que va hilando desde la rebelión de Tupac Amaru hasta la Dictadura de Onganía, el devenir de nuestra patria.
Firmenich sitúa el origen de la violencia política en el continente mucho antes de la conformación del Estado-nación moderno. Su análisis toma la figura de José Gabriel Condorcanqui (Túpac Amaru II) y la rebelión indígena de 1780 como el hito inaugural de la resistencia continental. La brutal ejecución de Túpac Amaru II y su familia por parte de la Corona española es catalogada por el autor como el primer acto sistemático de terrorismo de Estado en la región. El objetivo de la Corona no era solo sofocar una rebelión, sino infundir un terror paralizante en la población aborigen y mestiza para disciplinar a las masas e impedir futuros alzamientos. Para el autor, este patrón de represión estatal desproporcionada y aleccionadora establece una doctrina sistemática de control que reaparecerá a lo largo de los siglos: desde la represión a las montoneras federales hasta las dictaduras militares del siglo XX.
Un pilar central del texto es la crítica a las estructuras de dominación conceptuales y culturales que fundamentan la dependencia económica y política de la Argentina. En este sentido habla de un colonialismo clásico caracterizado por el dominio militar directo y la extracción formal de recursos por parte de la metrópoli española y de un neocolonialismo bajo la tutela británica (y posteriormente estadounidense), donde las élites locales (la oligarquía vacuna y financiera) operan como socias locales del capital extranjero. Bajo este esquema, la soberanía formal enmascara un sometimiento económico real, donde el endeudamiento y la primarización de la economía funcionan como los nuevos mecanismos de dominación.
Y es precisamente en la trama de ese orden neocolonial —profundizado tras el golpe oligárquico de 1955 y la proscripción del peronismo— donde Firmenich sitúa la irrupción de la juventud en los años 70.
El autor afirma que cuando el sistema neocolonial cierra todas las vías democráticas, inhabilita el voto popular, fusila a los trabajadores y encarcela la voluntad de las mayorías, la resistencia deja de ser una opción para transformarse en un imperativo ético y doctrinario. La proscripción del General Perón durante 18 largos años no fue un accidente de la política formal: fue la estrategia del régimen para consolidar la entrega del país y desarticular las conquistas del Estado Social de Derecho. Frente a esa violencia institucionalizada, surge una nueva generación de patriotas. La Juventud Peronista no nace en el laboratorio de la abstracción teórica; nace al calor de la síntesis entre la doctrina nacionalista peronista y el compromiso del cristianismo liberador. En las barriadas populares, en las aulas universitarias, en las fábricas y en las parroquias del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, miles de jóvenes comprendieron que el cristianismo no podía ser contemplación, sino praxis transformadora; y que el peronismo era la expresión viva de la Patria Justa, Libre y Soberana
Montoneros emerge entonces no como un fenómeno aislado, sino como la vanguardia organizada de ese mandato histórico. El libro detalla con precisión cómo la decisión de tomar las armas fue la respuesta ineludible de un pueblo acorralado por las dictaduras de turno, una herramienta táctica puesta al servicio de un objetivo estratégico superior: lograr el retorno incondicional de Juan Domingo Perón y la restitución del poder a las mayorías populares
La militancia de los 70, tal como se plasma en las páginas del libro, asumió sobre sus hombros el hilo conductor que venía desde Túpac Amaru y los caudillos federales. Comprendió que para derrotar al neocolonialismo no bastaba con la resistencia pasiva; se requería organización, disciplina y la entrega absoluta de la propia vida al servicio de la liberación nacional. Aquella juventud no peleó por dogmas ajenos, peleó por la soberanía de la Patria y la dignidad de los humildes.
Sin embargo, a lo largo del libro también hay un Firmenich que cuenta su propia niñez, adolescencia y juventud, mostrando sus raíces familiares y afectivas.
Aunque el relato histórico finaliza con la dictadura de Ongania, Firmenich no le elude a la realidad actual comparando el intento de magnicidio a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner con los grandes crímenes políticos de nuestra historia, remarcando el hecho de un país dividido y antagónico entre un proyecto nacional y popular y otro neocolonialista que viene desde los orígenes de nuestra patria, ante lo cual el autor afirma:
“Las poblaciones sometidas durante el colonialismo español no pudieron construir su propio Contrato Social. Las nacientes repúblicas, súbitamente independizadas a principios del S.XIX, tampoco pudieron construir en una década de independencia un nuevo Contrato Social que sustentara los proyectos de nuevos estados. Nuestra Nación nunca tuvo un contrato social. Por eso hemos tenido 250 años de guerra civil intermitente. ¿Qué es exactamente un contrato social? ¿Cómo construiremos un contrato social que garantice nuestro desarrollo íntegramente sostenible sin más guerras civiles? ¿Es posible que Argentina construya en la actualidad un contrato social?”
“Tenemos que construir un contrato social explicito, discutido y negociado … Estamos obligados a hacerlo so pena de culminar la destrucción nacional, favoreciendo interés extranjeros neocolonialistas asociados a pequeñeces egoístas secesionistas. Nuevos defaults de deuda externa, nuevas tendencias hiperinflacionarias y nuevos estallidos sociales de la guerra civil intermitente serian los escenarios de una película repetida, que se titularía, parafraseando a García Márquez, Crónica de una muerte (la de Argentina) anunciada”
Para finalizar, quisiera decir que Montoneros siempre es un tema incómodo después de la dictadura militar, para gran parte de la dirigencia del Peronismo; por otra parte, el tema parece no agotarse nunca en los ámbitos de investigación académica, por lo cual este libro será nuevamente molesto para gran parte de esa dirigencia del Peronismo y para cierto progresismo de buenos modales; y a la vez material de consulta y de estudio para el ámbito académico.
Pero, sin embargo, para Mario Eduardo Firmenich el objeto del libro es otro, y es:
“… que el texto sirva como algo parecido a un “Manual” para la tarea militante misionera de educar la conciencia nacional del soberano”
Y es en ese objetivo donde radica el mérito de Firmenich, de no abandonar su tarea misionera de militancia, a pesar de la demonización de la que fue objeto luego de la dictadura militar, como lo fueron otros hombres y mujeres de nuestra historia por parte del gorilismo neocolonialista. Porque pareciera ser que “El hecho maldito en el país burgués”, fue esa juventud que conformo el “Peronismo Montonero”.





































